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Breve recuento histórico de las agujas

Se borda con el alma, con el corazón, con nuestra historia: se borda con la piel, con la sangre cuando mana de nuestros dedos pinchados por las agujas que guardamos con amor en el costurero.

Es cierto que la historia de las agujas no es breve y menos si nos referimos a la propia. ¿Cuántas veces le diste una segunda, tercera o cuarta oportunidad a una que a leguas se veía que había cumplido su misión? ¿Cuántas ocasiones quisiste derramar una pequeña lágrima por una aguja que se rompió a mitad de su labor?


Te entendemos. ¿Sabías que la aguja más antigua que el ser humano ha encontrado, tiene más de 40,000 años de antigüedad y fue hallada en la zona que hoy conocemos como Eslovenia? Seguramente te preguntas qué relación personal tuvieron las personas que las usaban y si ellas también se encariñaban tanto como tú. La verdad es que nos gusta pensar que así fue.

Imagínate, los metales fueron descubiertos hasta inicios del 6,000 A.C. Si en el día de hoy, enhebrar el hilo a través del ojal de una aguja es un arte que se debe practicar hasta el cansancio y aún así, parecería que es una habilidad innata destinada para ciertas personas favorecidas por las diosas del textil, ¿cómo lo hacían nuestros antepasados antes de su manufactura en serie si se forjaban a mano y de forma rudimentaria?


Las primeras agujas se crearon en cobre y le siguieron materiales como el bronce y el hierro hasta que los hábiles chinos empezaron a producirlas en acero con una suerte de gancho en lugar de ojal. Si no fuera por el ímpetu por descubrir mundos nuevos, estos pequeños objetos que hoy duermen en la cajita que seleccionaste exclusivamente para ellos, no serían parte de la fabulosa y prestigiosa escuela inglesa del arte textil y no hubieran llegado a otros lugares muy lejanos hasta poblar todo el globo terráqueo. Después de todo, cada hogar tiene al menos una en su poder. Fue hasta 1826 cuando se establecieron como producto masivo, fabricadas en serie para empezar a llegar a más personas y reducir sus costos.






¿Sabes cuáles son las agujas textiles más comunes?

Partamos de repasar las partes de nuestras honorables compañeras en esas mañanas tranquilas, las tardes lluviosas y algunas noches en que no podemos dejar de conjurar la tela ante la fascinación del avance en nuestras creaciones. Hay tres partes fundamentales en el ser de tus agujas: el ojal, o la sección por la cual atraviesas tu hilo; el calibre o cuerpo que te ayudará a apoyar tus dedos y darle la fuerza necesaria a tu hilo danzando y la punta, que dirigirá cada uno de los movimientos de las hebras.


Dependiendo de las características de cada una, es que cumplen con un propósito distinto:

Si tu hilo es grueso, necesitarás un ojal más largo; si tu tela es delicada, querrás usar una punta que no sea tan afilada para que no cause mucho daño, si el material a enhebrar es cabello, en lugar de hilo, es prudente utilizar una aguja corta, por mencionar algunos ejemplos.


Existen las agujas de doble entrada u ojo ciego, que te ayudarán a enhebrar más fácilmente y pueden incluso ayudarte a coser o a hacer patchwork. Tenemos las agujas con doble entrada, por si acaso estás utilizando dos hebras distintas al mismo tiempo. El ojal puede ser medio, corto o largo, dependiendo del hilo que utilizarás. Además, los ojales podrían tener colores o materiales distintos, dependiendo de su casa creadora.



El calibre depende del soporte que empleas en tu proyecto. Recuerda que entre más bajo sea el número, más gruesa será la aguja. Es decir, una aguja del número 11 será más corpulenta que una del 22 y querrás usar una más delgadita si es que el entramado de la tela es angosto. Por supuesto, no queremos dejar agujeros visibles en cada puntada, ¿cierto? Un consejo muy útil para determinar si estás usando el calibre correcto es que te cueste trabajo (o no) atravesar la tela. Si estás forzando cada puntada, te recomendamos que utilices un calibre más alto para que se deslice con más facilidad.


La punta es esencial para poder trabajar textiles. Así como tú, queremos tratar nuestros soportes con el mayor amor posible y hay telas que necesitan un poco más de ayuda para poder hacer pasar al hilo en cada uno de los movimientos. Si la intención es trabajar con materiales más delicados, tal vez lo más prudente sea valerse de agujas que no tengan punta (también llamadas puntas ciegas), que no esté afilada para poder separar cada trama sin causar un caos, o en una tela con entramados que son amplios como en el caso de la tapicería.


Existen, incluso, las agujas que están hechas de materiales distintos: hay algunas que se forjan aún en hierro o las que están fabricadas con un baño de oro. ¡También las hay en oro puro, por si acaso tienes alguna alergia a los materiales más comunes!


Tenemos muchas con alturas o cuerpos largos, cortos o medios. Si estás por bordar cortinas, es buena idea usar una larga para que no te cueste tanto trabajo completar cada una de las puntadas. Al poner atención a la variedad en tu próxima visita a la mercería podrías ver, asimismo, agujas que son curvas y te ayudarán a realizar bordados en noventa grados o encuadernación y que están diseñadas para llegar a lugares que la verticalidad no alcanzaría, por ejemplo.



Como puedes ver, tenemos una variedad súper amplia de posibilidades, ¿cuál se te ocurre? ¿Qué tal una punta ciega, calibre grueso y ojal largo? Es muy factible que la encuentres allá afuera, esperándote para empezar a trabajar en tus más profundos deseos textiles.


¿Ya te contamos que las favoritas de Gimena son las Bohin para hacer quilting? ¿Quilting, dijimos? ¡Por supuesto! (Además de uno de sus más grandes tesoros en la vida, una aguja antigua que terminó en sus manos como por arte de magia)



¿Puedes notar que está labrada a mano, que tiene un ojal largo y una punta ciega? Una belleza tot


Dicho lo cual, hemos llegado a un aspecto primordial del uso de las agujas: adopta en el costurero las que tu proyecto necesite y con las que sientas más comodidad. Estamos seguras que, si eres principiante, querrás empezar una colección para saber cuál es la que gana tu corazón, agradecen tus manos y enaltece más tu soporte. ¡Esa será la aguja indicada!


Recuerda tratarlas con cariño, dejarlas descansar cuando sea necesario y jubilarlas con grandes distinciones cuando sea el momento. Tu alma de bordadora/bordador sabrá cómo hacerlo, te lo aseguramos. Así que ahora te dejamos a solas con tu aguja, para que le cuentes todos los secretos que llevas en cada puntada.



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Gracias,

Hoy aprendí cosas nuevas sobre mis consentidas, mis agujas.

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